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Mirar al pasado histórico de Montesa significa recuperar las raices de un pueblo.
Montesa es una población recomendada para apasionados de la historia. Desde la prehistoria, la época medieval islámica, la reconquista cristiana con sus Templarios y la posterior fundación de la Orden de Montesa (1319), la Guerra de Secesión (1706), hasta la actualidad, múltiples han sido las culturas, tormentas e incluso terremotos que han dejando su huella impresa, para que hoy podamos disfrutarla.
Montesa brinda la oportunidad de realizar un viaje a través del tiempo y de su legado natural y arquitectónico.
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Prehistoria y Edad Antigua
Desde los orígenes prehistóricos, en vista de la situación actual, conocemos poco. Algunos han interpretado el entorno inmediato a la pedra Senyora como un santuario megalítico. Por su cuenta Dolça Tormo apuntó en su dia la posibilidad de la que la cueva de la Font Santa fuera en algún momento un ninfeo de influencia greco-oriental vinculado al proceso de neolitización de la zona.
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Época medieval islámica
El castillo y la villa de Montesa adquieren importancia a partir de la época islámica, debido a su situación estratégica que dominaba el valle. Abunda la cerámica de esta época y el castillo conserva todavía elementos espaciales típicamente islámicos, cómo son la entrada en codo y el albacar.
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Época medieval cristiana
El año 1244, el qaíd del castillo de Xátiva Abû Bakú b. cIsà negoció con el rey Jaime I la entrega del castillo menor de dicha ciudad. Dos años después, tenía que entregar el castillo mayor. A cambio, el rey le ofreció en compensación los castillos de Montesa y Vallada.
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Jaime II y la orden de Santa Maria de Montesa
En 1312 se puso fin a la antigua orden del Templo. En consecuencia, se habló de asignar los bienes que los templarios tenían en el reino de Valencia en el orden del Hospital. Jaime II, temiendo un enriquecimiento peligroso de los hospitalarios, inició una serie de embajadas al papa, con el fin de conseguir una nueva orden militar con los bienes que los templarios y hospitalarios tenían en el reino de Valencia. Además, el rey se comprometía a aportar la villa real de Montesa donde tendría que radicar el convento del orden. La elección de Montesa como sede de la nueva institución obedece a diversos factores: por un lado, el hecho de encontrarse en la frontera sur del reino, con territorios ya conquistados pero con numerosa población musulmana.
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