Historia
   

 

Mirar al pasado histórico de Montesa significa recuperar las raíces de un pueblo.
Montesa es una población recomendada para apasionados de la historia. Desde la prehistoria, la época medieval islámica, la reconquista cristiana con sus Templarios y la posterior fundación de la Orden de Montesa (1319), la Guerra de Sucesión (1701-1715), hasta la actualidad, múltiples han sido las culturas, tormentas e incluso terremotos que han dejando su huella impresa, para que hoy podamos disfrutarla. Montesa brinda la oportunidad de realizar un viaje a través del tiempo y de su legado natural y arquitectónico.

 

   

Prehistoria y Edad Antigua


Desde los orígenes prehistóricos, en vista de la situación actual, conocemos poco. Algunos han interpretado el entorno inmediato a la pedra Senyora como un santuario megalítico. Por su cuenta Dolça Tormo apuntó en su día la posibilidad de la que la cueva de la Font Santa fuera en algún momento un ninfeo de influencia greco-oriental vinculado al proceso de neolitización de la zona.
 

 

     
   

Época medieval islámica

El castillo y la villa de Montesa adquieren importancia a partir de la época islámica, debido a su situación estratégica que dominaba el valle. Abunda la cerámica de esta época y el castillo conserva todavía elementos espaciales típicamente islámicos, cómo son la entrada en codo y el albacar.

 
     
   

Época medieval cristiana

El año 1244, el qaíd del castillo de Xátiva Abû Bakú b. cIsà negoció con el rey Jaime I la entrega del castillo menor de dicha ciudad. Dos años después, tenía que entregar el castillo mayor. A cambio, el rey le ofreció en compensación los castillos de Montesa y Vallada.

 
     
   

Jaime II y la orden de Santa Maria de Montesa

 

En 1312 se puso fin a la antigua orden del Temple. En consecuencia, se habló de asignar los bienes que los templarios tenían en el reino de Valencia a la orden del Hospital. Jaime II, temiendo un enriquecimiento peligroso de los hospitalarios, inició una serie de embajadas al papa, con el fin de conseguir una nueva orden militar con los bienes que los templarios y hospitalarios tenían en el reino de Valencia. Además, el rey se comprometía a aportar la villa real de Montesa donde tendría que radicar el convento del orden. La elección de Montesa como sede de la nueva institución obedece a diversos factores: por un lado, el hecho de encontrarse en la frontera sur del reino, con territorios ya conquistados pero con numerosa población musulmana.
 
     
 

Patrimonio

 

Montesa es una población recomendada para apasionados de la historia. Desde la prehistoria, la época medieval islámica, la reconquista cristiana con sus Templarios y la posterior fundación de la Orden de Montesa (1319), la Guerra de Sucesión (1701-1715), hasta la actualidad, múltiples han sido las culturas, tormentas e incluso terremotos que han dejando su huella impresa, para que hoy podamos disfrutarla.
Montesa brinda la oportunidad de realizar un viaje a través del tiempo y de su legado natural y arquitectónico.

 

 
     
 

Castillo

 

El castillo estaba habitado, principalmente por religiosos y algún que otro caballero. Las funciones de alcaide de la fortaleza las ejercía el subcomendador, un caballero de la Orden de Montesa. Cuando una persona quería recibir el hábito de la Orden pasaba al castillo, que era donde solía realizarse la ceremonia de ingreso. Con la finalidad de aprender las ceremonias y oficios de la Orden, debía permanecer en el castillo, por lo menos, cuatro meses.

 
     
 

Casa de la Vila

 

La Casa de la Vila (actual Ayuntamiento) fue construido durante el primer tercio del siglo XVII. Cuenta con un atrio porticado de sillares y conserva una maza de plata fechada en 1605. Aparte de ser la sede del gobierno municipal, en la Casa de la Vila se puede encontrar toda clase de información turística y cultural.

 
     
 

Iglesia de Nuestra Señora de Asunción

 

Presidiendo la plaza de la Vila se alza la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, construida entre los años 1693-1702 siguiendo las trazas del maestro arquitecto Juan Aparicio. Destaca la capilla del tras-sagrario, con cúpula barroca con decoración de hojarascas y angelotes, el mueble del órgano, realizado en 1744, los retablos de las Ánimas y de San Sebastián (1559), dos Calvarios del primer tercio del siglo XVI y una pila gótica con el escudo de la orden de Montesa.

 
     
 

Museu Parroquial

 

Frente al campanario se encuentra el Museu Parroquial. Construido durante el primer tercio del siglo XVII, en él se exponen elementos arquitectónicos procedentes, en origen, del castillo, lienzos de temática religiosa de los siglos XVII y XVIII y algunos grabados.
Más información en la dirección de Internet http://www.museumontesa.com/
 
     
 

Otros lugares de interés

 

Casa Abadía (s. XVI), Casa de la Marquesa (s. XIX), Casa dels frares (s. XVIII), Ermita de San Sebastián (s. XVI), Ermita de la Santa Cruz (s. XVI), Ermita del Calvari (s. XVIII).

 
     
 

Fiestas

 

Las FIESTAS PATRONALES se celebran los días comprendidos entre el último viernes de agosto, hasta el primer lunes de septiembre.
Celebraciones religiosas, procesiones, vaquillas, castillos de fuegos artificiales, bailes de disfraces y otros espectáculos hacen que los visitantes gocen y conozcan Montesa y su historia.
 
La FOGUERA DE SANT SEBASTIÀ. Aunque se hacía en la antigüedad, esta fiesta se recuperó en 1989.
Desde entonces, el sábado más próximo al día del santo (20 de enero) se quema en la plaza de la Vila una hoguera en la que participa gran parte del pueblo.
 
MOROS Y CRISTIANOS. El 9 de octubre de 1982, un grupo de niños de la escuela de Montesa celebró una entrà de moros i cristians conmemorando la fiesta de la Comunidad Valenciana. Con el paso de los años, esta festividad ha ido creciendo y, en la actualidad, se desarrolla una espectacular entrà de moros i cristians, así como juegos de mesa, concursos de paellas y bailes.
 
LAS FIESTAS DE SAN VICENT. La fiesta dedicada a san Vicent, la cual ha ido intentando arraigar durante el presente siglo, ha estado condicionada a la voluntariedad de los festeros o personas que han querido organizarla. Aunque hay algún testimonio en los años veinte, la fiesta, de la manera como le entendemos ahora -con baile y cabalgata, además de las celebraciones religiosas-, posiblemente se inició en los años cincuenta. Los actos organizados solían durar unos dos días, durante los que se hacían las celebraciones religiosas -misa y procesión-, además de la tradicional cabalgata. Otras veces, se añadían una verbena, una cordà y alguna que otra traca.
 
La imagen del santo, cedida a la iglesia parroquial por Jose Mª. Domínguez Borja, solía permanecer en su casa -calle san Vicente, núm. 24- la víspera de la fiesta y se trasladaba a la día siguiente a la parroquia. Finalizada la misa, donde los niños ofrecían una especie de bizcochos, realizaban un pasacalle, acompañados por la banda de música.
 
Actualmente, y desde 1992 en que volvió a reiniciarse, se hace la víspera la procesión, y por la noche baile de disfraces. Al día siguiente se celebra la Eucaristía, y por la tarde la cabalgata.
 

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